sábado, 11 de febrero de 2017

El efecto desánimo. Nuestros hijos deben aprender a gestionar la frustración.

Es 11 de febrero de 2017; mañana Santa Eulalia..."Por Santa Eulalia, siempre el tiempo cambia".
"Lo has hecho antes y lo puedes hacer ahora. Mira las posibilidades positivas. Redirige la energía de tu impotencia y vuélvela en una determinación positiva y efectiva".-Ralph Marston.

Tolerar la frustración es enseñar a los niños a aceptar que las cosas no siempre salen como a uno le gustaría. Recientemente, un artículo de prensa citaba cómo el Papa Francisco se lamenta de que  hay jóvenes «que parecen jubilados, que tiran la toalla»; Igualmente, artículos de prensa, a menudo nos hablan, del  "efecto desánimo"; efecto que lleva a muchos jóvenes, con paros prolongados, a no querer acudir a las oficinas de empleo para buscar  trabajo.
Los jóvenes en edad escolar no son ajenos a estas situaciones, y es frecuente escuchar cómo muchos jóvenes "arrojan la toalla” y no son capaces de afrontar tareas, no siempre complejas o difíciles, y tienden a justificarse y ni siquiera intentar hacer el esfuerzo que las tareas suponen.
Estas situaciones suelen, por lo general, acarrear  frustración. La frustración es un sentimiento de impotencia, una respuesta emocional que emerge cuando ciertos deseos y expectativas no pueden ser cumplidos. Junto con la ira, la frustración es una de las emociones humanas más   comunes, que si no aprendemos  cómo manejarla y eventualmente cómo superarla, genera un sentimiento de decepción y desmotivación en metas y proyectos .

¿Por qué se produce?
  • Percepción distorsionada; En muchas ocasiones los jóvenes centran preferentemente su atención en determinados aspectos negativos de las tareas.
  • Falta de  control de la situación;  no se sienten los jóvenes con los hilos y argumentos que se producen en las situaciones cotidianas.
  • Incapacidad de soportar el malestar que implica afrontar situaciones difíciles o complejas. La mera percepción de dificultad les lleva a sentirse mal ...
  • Falta de claridad en las metas y objetivos. No tienen claro dónde, cómo y por qué hay que afrontar determinadas situaciones.


¿Es posible trabajar la frustración?
La tolerancia a la frustración es una virtud que necesita tiempo y paciencia para su desarrollo. Cuando el sujeto percibe que es capaz de superar y realizar actividades ante las cuales se consideraba incompetente, su satisfacción es infinita.
Los niños que no toleran las desilusiones pueden convertirse en adultos "emocionalmente discapacitados". Así puedes evitarlo

Algunas ideas para ayudar a nuestros hijos a gestionar la frustración:
  • Deja que haga aquello que puede hacer, aunque lo haga despacio y mal. Aunque se equivoque o no lo haga de la forma en que tú lo harías. Con ello estás capacitándole para vivir el error como algo positivo que nos indica cómo no hacer las cosas (luego es un camino, un faro) y estás desarrollando en él la percepción de logro y competencia personal, ambas pilares de una autoestima sólida y resistente a los reveses.
  • No compenses el error haciéndolo tú. Deja que lo vuelva a intentar e invítale a encontrar por sí mismo nuevas rutas para resolverlo. Permanece a su lado, tu papel es ofrecer contención y seguridad para que él encuentre su forma de hacer las cosas.
  • Sé referente. Los niños aprenden, sobre todo, por modelaje y nosotros somos los modelos a través de los cuales filtran la realidad y aprenden a estar en el mundo. Si tú vives el error como algo negativo, si abandonas la tarea cuando te frustras, si vives un revés cotidiano de forma agresiva, estás siendo incoherente con lo que pretendes transmitir. Revisa tu forma de afrontar el fracaso, la frustración y el error. Para educar hay que reeducarse.
  • No dejes que se enfrente a aquello para lo que aún no está listo. Hay situaciones que requieren la intervención de un adulto.
  • Ayúdale a canalizar la frustración de forma constructiva: es necesario que aprenda a identificarla, nombrarla y después encontrar una manera de desactivar la agresividad que pueda generar: sencillas técnicas de respiración diafragmática, el ejercicio físico intenso (correr, saltar, gritar…).
  • Aprender a esperar; todo lleva su tiempo y espacio, los tiempos de espera son importantes.
  • Valora el esfuerzo,  insiste en dar importancia a las cuestiones que suponen esfuerzo.
  • No minimices ni anules el llanto. Llorar es una respuesta necesaria, positiva y posterior a la agresividad que genera la frustración, por tanto, es un paso previo para neutralizar la impotencia y sentirnos más preparados para el aprendizaje posterior.
  • Sé empático de verdad. Escucha sus razones y trata de que hable sobre todo de emociones, de cómo se siente. Hablar de ello, es el principio de la aceptación y, por tanto, de empezar a encontrar sus propias maneras de resolverlo. Contar un suceso parecido que te ocurrió a ti cuando eras pequeño, suele ser percibido por el niño como que estás entendiendo realmente su situación dado que la viviste y en ese saberse comprendido hay un enorme camino recorrido.
  • En momentos de bloqueo para; La persistencia en la tarea no tiene que ser seguida ni insistente. Si el niño está intentando algo que no consigue y se frustra, puede ser bueno cambiar de actividad y volver a ello más tarde, cuando el ánimo haya cambiado. Negócialo con él previamente.
  • No dramatizar... no exagerar con respuestas negativas ante los errores de nuestros hijos. Reconocemos el error y una vez reconocido nos ponemos a trabajar.
  • Dale la ayuda justa y cuando la pida. Es importante que aprendan también a pedir ayuda cuando sientan que la necesitan, pero no des más de lo que es necesario, dale solo aquello que le permita seguir por sí mismo. Los padres tendemos a hacerlo por ellos en la creencia de que les estamos ayudando, pero es una ayuda cortoplacista y que parchea una situación concreta en lugar de generar recursos adaptativos de personalidad a largo plazo.
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